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La inflación se convierte, una vez más, en un foco rojo para la economía mexicana. En marzo alcanzó 4.59% anual, su mayor nivel en más de un año. Esto representa un riesgo para el poder adquisitivo de los mexicanos —particularmente, de los que perciben menores ingresos— y mayor incertidumbre económica para el país en general. Aún más, el incremento en precios podría provocar presiones para las finanzas públicas, como se ha observado en años recientes.
Cuando se busca explicar este repunte inflacionario, el conflicto en Irán suele aparecer como la causa más evidente. Sin embargo, atribuir este aumento en su totalidad sería, al menos por ahora, equivocado. Si recapitulamos, en enero la inflación se vio presionada por el aumento del IEPS en productos como cigarros y refrescos, lo que implicaba un riesgo acotado para la inflación anual, al tratarse de un ajuste puntual concentrado en ese mes, y no de una presión persistente.
Sin embargo, en febrero la inflación rebasó las expectativas. El tomate, la papa y el tomatillo presionaron el componente más volátil de la inflación (no subyacente). Desde entonces, las frutas y verduras registraron un alza de precios de casi 10% anual. ¿A qué se debe esto? Los comerciantes atribuyen la inflación del jitomate a una corrección en los niveles de producción tras una sobreproducción en las últimas dos cosechas. A esto se sumaron problemas logísticos para su traslado desde Sinaloa, principal productor de jitomate, debido al aumento de la inseguridad. Por otra parte, la explicación del gobierno fue que las heladas en Estados Unidos arruinaron cosechas e impulsaron la exportación de este producto desde México. Sea cual sea el argumento, todos coinciden en lo mismo: hubo un choque en la oferta.
Ese mismo tipo de disrupciones, ya sea por factores estacionales o por condiciones puntuales en la producción y distribución, se sumaron a otros productos un mes después. Al revisar la inflación de marzo, el componente de frutas y verduras superó 21% anual. El repunte no fue generalizado: mientras algunos productos incluso bajaron de precio, el alza se concentró en el limón, el pepino, el tomatillo, el jitomate y la papa. Bastaron estos productos para detonar el aumento del componente no subyacente.
Hasta aquí no hay indicios de que el conflicto en Irán sea el responsable del incremento en el ticket del supermercado. En marzo, los energéticos reportaron una inflación de 0.13% anual. En 2022 —durante el conflicto en Ucrania— este componente llegó a registrar un nivel de 8.1%. Cabe recordar que, en México, la inflación de los combustibles está restringida por los estímulos fiscales al IEPS.
Sin embargo, la preocupación no es menor. Hay una incertidumbre generalizada sobre la duración del conflicto y el impacto que tendrá en México. Si bien el gobierno ha llegado a acuerdos con gasolineras para fijar precios tope y ha activado estímulos fiscales, esto no será sostenible en un conflicto de larga duración. Según el IMCO, en 2022 los estímulos fiscales al combustible le costaron a las finanzas públicas 397 mil mdp, mientras que los excedentes en ingresos petroleros fueron de 269 mil mdp. Esto significa que los excedentes petroleros no compensaron en su totalidad el costo de los estímulos a los combustibles y le costó a la hacienda pública 128 mil mdp. No hay certeza de que el panorama será diferente en el escenario actual.
Desenredar los hilos detrás de la inflación nos ayuda a entender que los verdaderos riesgos están por llegar. La ola de la crisis energética aún no se refleja en los precios, y la evolución del conflicto en Irán, en particular la situación en el estrecho de Ormuz, será clave para determinar su impacto. Mientras tanto, las finanzas públicas permanecerán presionadas ante los esfuerzos de atenuar el choque en los precios de los combustibles.
Publicado en Substack.
22-04-2026