
Imaginen por un momento que la vida les regalara nueve días al año. La vida laboral de las personas suele ser de 40 años. Multiplica esos nueve días por esos años: 360 días. Casi un año. Eso es lo que una persona pierde, atrapada en el tráfico, en la Ciudad de México.
La semana pasada, el IMCO, junto con Dat’s Why, presentó el estudio El Costo del Tráfico. Los resultados merecen atención, pero la merecen no solo de quienes padecen ese costo, sino sobre todo de quienes toman –o precisamente no toman– las decisiones para hacerle frente.
El IMCO asigna un valor económico a este tiempo. Las 44 zonas metropolitanas pierden al año más de 203 mil millones de pesos por la congestión vehicular. No se refiere al costo directo del tráfico, lo que se gasta en transporte público o en gasolina, sino al costo de oportunidad. Es el valor de las horas en las que nos quedamos varados entre trayectos y que por estar atrapados no pueden convertirse en trabajo, estudio, ejercicio, convivencia o descanso. En vida, pues. Para darle algo de dimensión a ese número, el monto rebasa en más de una quinta parte el presupuesto previsto para la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transporte en 2027.
El promedio esconde mucho. En esas 44 metrópolis, cada persona que se traslada pierde 111 horas y cerca de 5,645 pesos al año, cerca de 60% de un salario mensual promedio. Pero en la capital del país se pierden 211 horas en traslados, casi nueve días completos, y cuesta más de 10,700 pesos por persona. La capital sola concentra cerca de 40% del costo total de la congestión. Pero un hallazgo relevante de este estudio es que el problema no aqueja únicamente a las grandes urbes, también los habitantes de ciudades más pequeñas viven ya atrapados en el tráfico. Puerto Vallarta, Oaxaca y Pachuca figuran entre los lugares donde más horas se pierden por habitante.
Hay un dato que debería de preocupar más y más aún a quienes gobiernan con una agenda de justicia social. El transporte público mueve a 40% de quienes se desplazan, pero carga con 57% del tiempo perdido y 55% del costo. Quien viaja en camión, metro o microbus pierde en promedio 140 horas al año. Quien va en vehículo particular, 94. La congestión castiga más a quienes menos alternativas tienen. A ello se suma que 43% de los usuarios se siente inseguro en el transporte colectivo, proporción que aumenta a la mitad cuando se trata de mujeres.
Los datos mostrados evidencian que la decisión de comprar un vehículo propio es completamente racional. En los últimos siete años, los vehículos registrados crecieron 37%, la población 5%. Si el camión tarda, el metro se descompone, se percibe inseguro y nadie sabe cuándo va a pasar, comprar un coche o una moto tiene sentido para las familias, aunque la suma de las decisiones vaya en contra del desarrollo sensato de una ciudad.
El IMCO propone tarifas técnicas que transparenten cuánto cuesta realmente operar el servicio, repartir el gasto en movilidad según pasajeros atendidos y desempeño, profesionalizar a los operadores y ensayar cobros por congestión en zonas y horarios saturados.
Ninguna de estas propuestas es sencilla ni popular. Pero la alternativa ya la estamos pagando. Parte de la vida pasa en el tráfico. Recuperar ese tiempo debería ser una prioridad de política pública.
@ValeriaMoy
Publicado en El Universal
27-09-2026