Opinión

Ocurrencias en educación

FOTO: DANIEL AUGUSTO /CUARTOSCURO.COM

Siempre he pensado que la mejor herencia -probablemente la única- que le dejaré a mis hijos es su educación.

Desafortunadamente, el Gobierno Federal no piensa como yo y actúa como si la educación no fuera prioritaria para las infancias y las adolescencias. Esto se ha visto reflejado en una serie de decisiones que ponen en riesgo la preparación de las nuevas generaciones.

México fue de los países que más tardó en abrir las escuelas tras el confinamiento. El presupuesto muestra la poca importancia que tiene el sector, con un recorte de 1% en términos reales entre 2021 y 2022. Se han eliminado programas que han probado tener impactos positivos sobre estudiantes con mayores carencias, como el Programa de Escuelas de Tiempo Completo, y la secretaria Delfina Gómez no ha dado la cara por esta decisión en la Cámara de Diputados. Y lo que nos falta…

En enero de este año, se publicó el Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana, un documento que parece más un manifiesto político que un plan aterrizado para preparar mejor al talento. En él se explica una propuesta de transformación para el sector educativo. A continuación, los tres cambios que llamaron mi atención:

  1. Sustitución de los grados escolares por seis fases de aprendizaje:
    • Fase 1: Educación inicial de cero a tres años
    • Fase 2: Educación preescolar de tres a seis años
    • Fase 3: Primero y segundo de primaria
    • Fase 4: Tercero y cuarto de primaria
    • Fase 5: Quinto y sexto de primaria
    • Fase 6: Tres años de secundaria
  2. Eliminación de evaluaciones para estudiantes
  3. Enfoque comunitario de la educación, donde la propia “comunidad” influya en la formación de los estudiantes

Aunque leí las 159 cuartillas, me quedan muchísimas dudas. ¿Cuándo y cómo se piensa implementar este plan? ¿Están preparadas las escuelas para mezclar alumnos de diferentes edades? ¿Están preparados los maestros para guiar de forma efectiva a alumnos con diferentes grados de conocimiento? ¿Qué otro país tiene un modelo educativo similar al planteado? Sin evaluaciones, ¿cómo sabremos si un alumno ha logrado los conocimientos esperados y qué se debería reforzar? ¿Acaso este modelo no podría perpetuar desigualdades? ¿A qué se refiere con la “comunidad” en la práctica? ¿Cómo se piensa involucrar a la comunidad de forma aterrizada?

Asumo que, como en toda transformación, este documento es solo el punto de partida para guiar una serie de cambios profundos. Sin embargo, me preocupa sobre manera que parte de la concepción de que “la educación es un acto político”. ¿De verdad lo político es más relevante que las personas?

Más allá de filias y fobias, los datos muestran que un mayor grado de escolaridad permite alcanzar mejores empleos, incluso en tiempos de crisis. Según el Monitor de Competitividad del IMCO solo los trabajadores con bachillerato o más han superado los niveles de empleo prepandemia, en contraste con aquellos con menores grados académicos que ni siquiera se han recuperado desde el choque de abril 2020.

La educación en México debe evolucionar, sobre todo después de la pandemia cuyas secuelas pueden marcar el futuro profesional de las nuevas generaciones. La pregunta es cómo lograrlo sin dejar a nadie atrás, ni destruir los avances obtenidos hasta el momento.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad de la autora y no representan la postura institucional.

Publicado en Expansión.

25-04-2022