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Gramática de la prepotencia
Toda República está fundada bajo un propósito simple y poderoso: todas las personas tienen una condición de igualdad en su dignidad, sus derechos y sus obligaciones. Una corona, un cetro o un trono son símbolos que marcan la jerarquía de un monarca sobre sus súbditos. En la antigüedad se pensaba que las familias reales estaban integradas por seres superiores investidos del derecho divino. Hoy en los tiempos de la revista Hola y otras publicaciones de chismes, vemos que las reinas y los príncipes son víctimas de las debilidades de carácter que también aquejan al peatón de la esquina. A pesar de que los valores republicanos se han propagado en nuestras leyes y normas, en los usos y costumbres se perpetúan las ínfulas propias de los señores feudales.La jerga nacional tiene una serie de frases nefastas de profunda inspiración antirrepublicana: Tú y yo no somos iguales. La frase denota una patética nostalgia por la Nueva España, donde las castas tenían un peso definitorio en el destino de las personas. En los catálogos de discriminación y mestizaje colonial queda muy bien establecido que la combinación genética de un español y un moro da origen a un mulato. El DNA de un chino y un indio, de acuerdo con algunas interpretaciones, daba como resultado un saltapatrás. Con estos referentes históricos la palabra indio todavía se utiliza en la actualidad como un peyorativo recordatorio de nuestro pasado preindependiente y prerrepublicano.