Opinión

Violencia económica

En mi casa hablar de dinero nunca fue un tabú. Desde que tengo memoria mis papás siempre me impulsaron a trabajar y a ahorrar, ya fuera vendiendo pulseras o un trabajo de verano. La primera cuenta bancaria a mi nombre la tuve cuando tenía como seis o siete años, claro, era una cuenta de ahorro para niños, pero no deja de ser un instrumento financiero. En una familia de puras mujeres era común escuchar a mis papás decir: “trabajen y ahorren para que nunca dependan de nadie”.

Conforme fui creciendo me di cuenta de que esa no era la realidad, al menos no de la mayoría de las mujeres que me rodeaban. Mis papás me inculcaron esa forma de pensar desde muy chica y son aprendizajes que terminé por hacerlos míos. Al final somos el resultado de nuestro entorno, como dicen por ahí.

En mi caso, recuerdo que ese momento llegó en una plática con mi mamá cuando me contó de una amiga que vivía ciertas agresiones y ella ya no quería seguir con su esposo. Mi pregunta inmediata fue por qué no se separa. Seguramente la respuesta incluía a sus hijos, entre muchos otros factores, pero solo recuerdo que en mi cabeza resonó que ella no sabía qué hacer para mantenerse, no terminó sus estudios y no tenía un trabajo remunerado. Todo sonaba como si ella no tuviera otra alternativa más que continuar en ese matrimonio.

Hoy entiendo y conozco que eso tiene un nombre: violencia económica. Por más fuerte que suene, hay que llamarla por su nombre.

Según datos del INEGI, dos de cada 10 mujeres de 15 años o más, en México, reportan vivir este tipo de violencia a lo largo de su relación. Esto, sin considerar que el dato puede estar subestimado por la cifra negra que tiende a existir en mediciones de este tipo. A pesar de que la violencia económica ha disminuido desde 2011, es el segundo tipo de violencia con mayor prevalencia entre las parejas, solo después de la psicológica.

La violencia económica usualmente se reproduce dentro del ámbito familiar. En el caso de las parejas tiende a ser ejercida por la persona con el control económico –quienes suelen ser hombres–, lo que resulta en un vehículo de control hacia las mujeres y se acentúa cuando ellas dependen económicamente de su pareja. Algunas manifestaciones de esta violencia son: limitar las decisiones sobre los gastos del hogar, condicionar el gasto o exigir cuentas, aun si ella tiene sus propios ingresos. A pesar de que estas acciones pueden parecer sutiles, para nada son menores, ya que la violencia económica puede tener repercusionesen la autonomía de las mujeres o propiciar otros tipos de violencia dentro del hogar.

La violencia económica es una realidad para más de 1.5 millones de mexicanas que reportaron vivirla durante 2021. Construyamos un México donde las mujeres no se vean obligadas a quedarse en una relación por falta de autonomía económica o, dicho de otra manera, por no tener ingresos propios y suficientes para vivir. Que la respuesta para seguir o no con una pareja no dependa del dinero –o la falta de este–. Será que solo se puede obtener una libertad real cuando se tienen recursos suficientes, como argumenta Amartya Sen.

Publicado en La-Lista.

23-11-2023