Opinión

Los límites del ‘nearshoring’

Fotografía: Getty Images

La idea del nearshoring ha dado mucho de qué hablar en los últimos años, en México y en la región de América del Norte. Para quienes se desempeñan en el ámbito empresarial, financiero o de análisis económico, la palabra se usa prácticamente todos los días. Para quienes están en otras áreas, lo probable es que la hayan leído o escuchado más de una vez. El concepto se usa para señalar oportunidades de crecimiento económico, de inversión y de generación de empleos en diferentes sectores. Lo mencionamos a la hora de hablar de la competitividad en nuestro país, o de las obligaciones que tenemos ante nuestros socios comerciales y la importancia de cumplir con ellas. La pregunta es: ¿qué tan exitoso está siendo México en el tema?

Es importante aclarar una cosa: el nearshoring, es decir, la posibilidad de relocalizar cadenas productivas cruciales a países cercanos y aliados, realmente representa una oportunidad enorme para la economía mexicana. Para las industrias del futuro —como las manufacturas tecnológicamente avanzadas, las energías limpias o incluso la inteligencia artificial—, representa una mayor integración con sus contrapartes estadounidense y canadiense que será la clave para detonar mayor innovación, generación de conocimiento y, al final de día, mayor producción en la industria mexicana.

El precedente es claro: así como hubo una integración regional de la industria norteamericana a partir de la década de los 90 (particularmente en la industria automotriz), podría haber una mayor integración en estos nuevos sectores. Con ello, el camino hacia una economía más fuerte y con crecimiento alto y sostenido se volvería más accesible (aunque se requeriría también de otros elementos para facilitarlo).

El potencial del nearshoring no está en duda. La magnitud de los frutos rendidos hasta ahora sí lo está. Medir esos resultados es complejo, pero un indicador que se ha usado como herramienta es la medición de Inversión Extranjera Directa (IED) que llega al país. Las cifras inicialmente muestran un panorama optimista: en 2022, la IED que entró a México creció 12% respecto al año anterior y alcanzó uno de los niveles más altos en el registro (a excepción de 2013 y 2015). Además, en 2021 (el año más reciente en el registro de la ONU), México se mantuvo como una de las 10 economías con mayor ingreso de IED alrededor del mundo.

La inversión proveniente del extranjero sí ha crecido en México, pero también lo ha hecho en otros países. Indonesia, Brasil, Singapur y China (todos miembros de la lista de mayores receptores) también registraron crecimiento en la entrada de IED en 2021, algunos con tasas mayores a la observada en México en ese año.

Por otra parte, el detalle de la IED que entra al país muestra que el incremento en la llegada de recursos no está limitado a los sectores relacionados con el nearshoring. Es más, aunque la inversión extranjera en esas áreas ha crecido, las cifras de 2022 muestran que, en algunos casos, el crecimiento fue menor al observado a nivel nacional, mientras que la destinada a actividades poco relacionadas con el fenómeno ha crecido en mayor medida. El crecimiento de la IED en actividades como la información en medios masivos, las actividades bursátiles e incluso la industria fílmica, por ejemplo, fue mayor al observado en áreas como la fabricación de componentes electrónicos, de equipo de computación o incluso la generación de energía eléctrica.

Tomando esas cifras en cuenta, vale la pena cuestionarse si el nearshoring ha tenido hasta ahora el efecto deseado en la inversión extranjera a nivel nacional. También es válido poner en duda si la llegada constante de recursos resulta más bien de las características que han hecho a México un destino atractivo para la inversión a lo largo de los últimos años, como su ubicación geográfica o su pertenencia a 14 tratados de libre comercio que facilitan el intercambio con 50 países alrededor del mundo.

El rezago en condiciones estructurales como el acceso garantizado a insumos como agua y energía eléctrica o la modernización de puertos y aduanas impide que México aproveche el nearshoring en la mayor medida posible. Además, algunas acciones del gobierno en los últimos años van en contra de sus compromisos con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, un acuerdo que se debe cumplir cabalmente si lo que se busca es integrar las tres economías aún más.

Si esas barreras no se superan, esa integración será difícil de alcanzar, y la oportunidad de usar el nearshoring como herramienta para el crecimiento económico en el país, y tal vez en sus regiones más rezagadas, se irá más rápido de lo que vino.

Publicado en Animal Político.

27-05-2023