Artículo
Nos van a mover el tapete
El presente y futuro de la economía mexicana se sostiene en dos pilares fundamentales. Por obra y gracia de la geología somos un país productor de hidrocarburos. Por el azar de la geografía y una estratégica decisión de política comercial somos una nación exportadora de manufacturas. Gracias al petróleo se financian cerca del 30% de las actividades del gobierno. Al TLCAN le debemos buena parte del dinamismo del sector privado.Ambas aptitudes parecen ser vocaciones contradictorias. La riqueza del oro negro produce lo que los economistas diagnostican como enfermedad holandesa: los dólares generados por la venta de petróleo aprecian el valor del peso, lo cual encarece el valor de nuestras exportaciones manufactureras. La bonanza petrolera nos amarra un brazo a la hora de subir al ring de pelea por los mercados globales de la industria. Si vemos a los principales productores de hidrocarburos del planeta, Arabia Saudita, Rusia o Noruega, ninguno destaca por su capacidad para exportar productos ensamblados. A la inversa sucede lo mismo. China, Alemania o Japón no son potencias energéticas.