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Mujeres exhaustas

FOTO: ROGELIO MORALES /CUARTOSCURO. COM

Hace muchos años, vi en el buró de mi mamá un libro de Gaby Vargas llamado “Soy mujer, soy invencible y ¡estoy exhausta!”. En ese tiempo, el título me causó cierta gracia, pero ahora como madre trabajadora me hace sentir totalmente identificada.

Es agotador combinar el cuidado de los hijos, con las exigencias del trabajo y atender todos los detalles para que la casa funcione. Mi caso no es único. De hecho, es solo una de las millones de historias que la mayoría de las mexicanas podrían contar.

El jueves de la semana pasada, el Inegi publicó la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) 2019. En ella es posible observar que, durante la semana, las mujeres trabajamos en promedio 6.2 horas más que los hombres. Además, la distribución del tiempo se ve muy diferente entre sexos.

Las mujeres destinamos el 67% del tiempo total para el trabajo a actividades no remuneradas dentro del hogar (limpiar, cocinar, lavar ropa), mientras que los hombres solo dedican el 28%. Incluso una mujer que trabaja más de 40 horas a la semana, dedica el doble de horas al hogar que un hombre que no está económicamente activo.

Las mujeres dedicamos en promedio casi 16 horas semanales más al cuidado que los hombres, considerando los cuidados pasivos, o sea cuidar hijos o familiares mientras se hace otra cosa. Si solo se consideran los cuidados activos, esta brecha entre mujeres y hombres se reduce a 6.9 horas. Esto implica que las mujeres tenemos que hacer varias cosas a la vez, y no necesariamente porque queramos hacerlo. ¿Cómo no vamos a estar exhaustas?

Al comparar los resultados de 2014 con los del 2019, se puede ver que las proporciones para repartir el tiempo han cambiado poco. Las mujeres destinamos a la semana una hora más al trabajo pagado, mientras que los hombres casi tres horas más a tareas domésticas y de cuidados. Sin embargo, esta distribución está muy lejos de lo que quisiéramos ver en una sociedad más equitativa.

Los datos de la ENUT se levantaron en octubre 2019, no captan el efecto de la pandemia. Sin embargo, es muy probable que la carga no remunerada haya aumentado. Por una encuesta de Ipsos y ONU-Mujeres sabemos que al menos el 53% de las mexicanas afirman que las tareas al interior del hogar se han intensificado con el covid-19.

¿Cómo se ha distribuido esa carga adicional? Pareciera que ha recaído principalmente en las mujeres. Al menos en Estados Unidos, el estudio Women in the Workplace 2020 de McKinsey encontró que una de cada cuatro mujeres empleadas han considerado poner un freno a su carrera o abandonar la fuerza laboral.

No hay recurso más escaso que el tiempo. Por más que lo estiremos, un día solo tiene 24 horas. Si en México la carga doméstica no se reparte de una forma más pareja, difícilmente veremos a más mujeres en la economía para obtener ingresos y fomentar su crecimiento profesional.

El fenómeno no es exclusivo de México. En países como Gran Bretaña o Japón se ha documentado que aunque la participación económica de la mujer ha aumentado, los hombres no están tan dispuestos a desempeñar tareas de la casa más allá de involucrarse un poco más con los hijos. Por eso se necesitan políticas públicas más efectivas que cambien la mentalidad y reduzcan la doble carga de las mujeres.

Hace unos días, se reformó la ley del IMSS para que padres trabajadores tengan acceso a servicios de guardería sin restricciones por estado civil. Esto es un gran paso, pero para transformar la cultura mexicana hace falta aún más. Necesitamos ver licencias de paternidad. Desde las empresas, quisiéramos ver incentivos para que los hombres también pidan días personales para atender asuntos familiares. Quisiéramos ver escuelas acostumbradas a llamar indistintamente a papás o mamás ante alguna emergencia o rebeldía de los niños. Quisiéramos ver más niños jugando a la casita, porque algún día serán adultos que deberían compartir la carga del hogar con su pareja.

Publicado por Expansión
11-10-2020