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El fin de la prohibición
Un amplio sector de la población recibió con alegría la aprobación del nuevo impuesto. Corría el año de 1913 y Estados Unidos acababa de aprobar un tributo sobre la renta de personas y empresas. La Enmienda XVI a la Constitución de EU permitió al gobierno federal quedarse con los dineros de este gravamen, sin tener que transferir una porción a las entidades de la Unión Americana. Una coalición de causas nobles y buenas conciencias recibió el impuesto como una auspiciosa señal divina.Organizaciones feministas, movimientos a favor de la población negra y devotos feligreses vieron el impuesto como la piedra de toque para salvar a la sociedad norteamericana de la perdición. Antes de este nuevo orden tributario, el erario del gobierno federal era totalmente dependiente de los impuestos a las bebidas fermentadas y destiladas. Washington padecía de alcoholismo tributario. De acuerdo con Daniel Okrent, autor del libro Last Call sobre la historia de la prohibición, los ingresos tributarios derivados del alcohol llegaron a cubrir el 40% del gasto del gobierno central. La lucha por la prohibición del alcohol pasaba forzosamente por la sustentabilidad tributaria del fisco federal.