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Quince años tarde
Había una vez un país próspero y prometedor. Sus finanzas públicas eran sanas. Su endeudamiento era manejable. La deuda total de los gobiernos subnacionales rondaba por el 5% del PIB. Ese país era España en el año 2007. En un lustro cambió todo. Este país, cercano en la historia y el afecto de los mexicanos, enfrenta hoy una crisis económica que ha desgarrado el tejido social y cimbrado el orden político. Para fines de 2012, la deuda pública superará el 90% del PIB. En 2013, los créditos por cobrar de las comunidades autónomas se habrán multiplicado por tres con respecto a 2007.En materia de deuda pública, hoy México se parece a la España venturosa y estable de antaño. Nuestro país tiene pasivos cercanos al 33% del PIB. Hay estados y municipios que se han endeudado hasta la camiseta, pero en general la perspectiva de las entidades mexicanas no presenta focos rojos. Incluso hay varios estados que tienen cómodos márgenes para contratar nuevos créditos, siempre y cuando se respete a la letra el criterio contenido por el artículo 73 de la Constitución: “Ningún empréstito podrá celebrarse sino para la ejecución de obras que directamente produzcan un incremento en los ingresos públicos…”.