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El chef, Bichir y el ajolote
Un renacuajo sonriente me dio la bienvenida a Londres. En el otoño de 2011 al aterrizar en Heathrow, el aeropuerto de la capital británica, me encontré ante una costosa y omnipresente campaña de publicidad protagonizada por un simpático ajolote. ¿Qué vendía esa larva de anfibio? El renacuajo cumplía con la función de ser embajador turístico de México ¿Quién pagó los anuncios con el incipiente batracio? Todos esos comerciales los pagaste tú con tus impuestos. Junto a la foto del bichito subacuático se leía, en inglés y con letras chiquitas, que México es unos de los 5 países con mayor biodiversidad en el planeta.Me imaginé al tipo de turista que le dice a su esposa: “¡Mi amor, qué crees, en México hay ajolotes! Voy a pedir vacaciones. Tenemos que apartar nuestro vuelo desde hoy”. Después mi imaginación trató de recrear la sala de juntas de la agencia de publicidad, donde un grupo de “creativos” escogió la foto del renacuajo como el mejor anzuelo para pescar viajeros: “Tenemos que pensar fuera de la caja. México es más que pirámides, playas y mariachis. La imagen que se debe proyectar al mundo es la de un carismático gusarapo”.